La crisis del COVID19 nos da de bruces con un mundo de oportunidades. Encerradas en casa contamos con la posibilidad de parar, repensar un sistema endeudado. Alimentemos nuestro sistema inmune y la capacidad de resiliencia de las sociedades ¿Se trata de eso?

Nos vemos avasallados por mensajes que nos hablan de la importancia de nuestros hábitos de vida. Hábitos saludables en el hogar que van más allá de la prevención versus el coronavirus, sino que también evidencian cómo somos capaces de gestionar el miedo (ese gran monstruo indestructible que nos hace sentirnos solos y pequeños). Hábitos de consumo cuando salimos a comprar porque ya no se trata de consumir lo que necesitamos, sino de controlar ese instinto compulsivo que te lleva a comprar por si “acaso”. ¿Puede ser el encierro una oportunidad para el decrecimiento? ¿Para repensar nuestros hábitos?¿Para pensar en el mañana? 

En un contexto donde desde los medios de comunicación se llama a la calma y se incide en el abastecimiento de los puntos de distribución, las colas en el supermercado de éstos primeros días son un pequeño ejemplo del camino que aún tenemos que hacer juntas. No se trata de que no encontrar papel higiénico, quizás de que cuando la gente está en el supermercado no piensa en la muerte, la frase de Ann, protagonista de la película Mi vida sin mí, de Isabel Coixet, cobra más sentido que nunca. 

Frente a las colas en las grandes superficies: Alternativas hoy para consumir productos de proximidad en situaciones de crisis. La iniciativa Abastiment agroecològic”, promovida por Arran de Terra, es una ejemplo. De esta forma, a través de un llamamiento colectivo a la participación de payeses, proveedores agroecológicos en el territorio, se intentan visibilizar alternativas para consumir productos de calidad, justos y sostenibles. Gracias a todos los productores que con su trabajo, en momentos confinamiento, siguen haciéndolo posible.

Más allá, la sociedad civil vuelve a dar una lección a través de las redes solidarias vecinales, donde vecinos y vecinas se ofrecen a hacer la compra a personas con dificultades… para al fin y al cabo, cuidarnos en situaciones excepcionales y ayudar a los grupos más desprotegidos de nuestra sociedad. Reivindicaciones como #PladeXocSocial frente al Coronavirus, ponen el foco en ello, porque la resiliencia quizás no sólo nos debería llevar a sobreponernos, sino a actuar para cambiar un sistema económico desigual. 

No queremos obviar el papel de todos aquellas actores que día a día, desde la Economía Social y  Solidaria, ponen a nuestra disposición herramientas y servicios que abogan por encontrar una sistema socioeconómico más justo y sostenible. Destacamos aquí proyectos como Opcions o Pam a Pam, mapa d’Economia Social, o entidades como la Xarxa d’Economia Solidaria (XES), de la cual somos socias Food Coop Barcelona. Juntas sumamos #coopemtoca

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